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Con nombre de mujer

fuente: movicity

Busque con mis dedos tu mano, te agarre fuerte y no volví a mirarte;
No dijiste nada, como siempre, vas dispuesta a mí, a mi silencio,
Y te ignoro y veo a través de ti todo.

Ya no rio contigo, pero soy feliz y sospecho tu alegría.
Hay días en que te siento cansada,
Por momentos se te escapan pequeños lamentos
Y me preocupan aunque no me lo digas.

Eres indescifrable para otros, y te entiendo.
Te gusta la lluvia, te ves más reluciente y viva.
Siempre vas un paso más adelante
y procuras pisar todas las hojas secas antes que yo.

Hay momentos en los que te olvidas de mí,
No puedo dejar que tomes tantos impulsos.
A veces te invoco queriendo que vinieras en mi auxilio.
Y caminas con otros porque así lo dispongo,
Luego en la lejanía te celo y me arrepiento.

¿Cuándo volverás?
¿Cuánto influirá en ti las condiciones y parajes desconocidos
Para resistir el goce de tu nuevo huésped?
Vuelves a mí y te desnudo,
Te hago un inventario como si pudieran arrancarte algo no visible.

Cuanto quisiera abrazarte y decirte lo mucho que te extrañe…
Tú no entenderías.
Cuanto quisiera mencionarte de modo diferente,
Aunque tu nombre es universal.
Eres para mí, la única Bicicleta.

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Oda a la BICicleta – Pablo Neruda

fuente: movicity

Iba por el camino crepitante:
el sol se desgranaba como maíz ardiendo y era la tierra calurosa
un infinito círculo con cielo arriba azul, deshabitado.

Pasaron junto a mí las bicicletas,
los únicos insectos de aquel minuto seco del verano,
sigilosas, veloces, transparentes:
me parecieron sólo movimientos del aire.

Obreros y muchachas a las fábricas
iban entregando los ojos al verano, las cabezas al cielo,
sentados en los élitros de las vertiginosas bicicletas que silbaban
cruzando puentes, rosales, zarza y mediodía.

Pensé en la tarde cuando los muchachos se laven,
canten, coman, levanten una copa de vino
en honor del amor y de la vida,
y a la puerta esperando la bicicleta
inmóvil porque sólo de movimiento fue su alma
y allí caída no es insecto transparente que recorre el verano,
sino esqueleto frío que sólo recupera un cuerpo errante
con la urgencia y la luz,
es decir, con la resurrección de cada día.